Vestigios de una época de gloria

        Los tiempos cambian…?para bien,bueno¿

 

Rivadabia, cabaret de Amelia, cabaret de Suro

Aun  nos quedan los vestigios de una época de bonanza

 

POR: ALEJANDRO SANTANA

Cuantos de nosotros recordamos esos años en que nuestra zona de tolerancia, era una de las arterias; comerciales más significativa de nuestra ciudad Barahona.

Eran momentos de un verdadero dinamismo, comercial y social, donde se vendía placer, se ofertaban las mejores y más variadas mercancías de la época.

Prostitutas, bebidas, música de la época, amaneceres placenteros, frituras, comedores y vendedores ambulantes que ofrecían desde las damajuana, botellas de palos con ingredientes capaces de eliminar, gonorreas, sífilis y un sin número de infecciones.

Los cabareses, los guasos, casas de citas, donde se ofertaban mercancías humanas, mujeres bellas, traídas a esta ciudad desde lugares lejanos que solo conocíamos por referencias de maipiolos y proxenetas y por las confecciones de mujeres de la vida.

Épocas de un dinamismo comercial, extraordinario, donde muchas mujeres y hombres laboriosos se ganaban el sustento de sus casas y familias.

En esos lugares convergían los más diversos oficios, desde maipiolos, prostitutas, sirvientes, homosexuales, probadores de prostitutas y curanderos, todos se desenvolvían en mesteres que tienen que ver con el dinamismo comercial de aquella época.

Barahona para la fecha era destino de bellas mujeres venidas del Cibao, del este y hasta del sur central, frecuentemente llegaban de paso y su destino final era la Provincia de Pedernales por su dinamismo industrial de donde se extraía la bauxita que era exportada y que dejaba cada semana cantidades de dinero pagados a los trabajadores de esa área.

Un negocio que tenía sus  proveedores mayoristas, con personas que se dedicaban a ir pueblo por pueblo en busca de las más llamativas mujeres, a quienes les pagaban sus deudas a fin de que viajaran con ellos a destinos donde el dinero corría al por mayor.

Los cabarés, vergüenza para muchos moralistas que acudían en altas horas de las noches en busca de placeres nuevos, lugares donde muchos matrimonios se disolvieron, pero donde tantos matrimonios de efectuaron..

Recuerdo tantas anécdotas de esos años de gloria, por ejemplo el de la cibaeña, joven hermosa que llego a un centro de esos y la maipiola le aconsejo que no se acostara

Fiao con nadie que eso no se fiaba, pero su primera vez, fue un desastre, se acostó con un experto en las artes del engaño, cuando termino este se despojó del preservativos que había usado, lo engancho en un clavo, acto seguido le dijo a la joven que iría  por el dinero para pagarle.

Cuando la maipiola del lugar nota que las horas transcurrían y la joven no salía, fue a la habitación y la encontró sentada embollada en una toalla, esperando que su amante fortuito viniera a pagar….La maipiola, le dice, te lo advertí y mira, te engañaron, a lo que ella dice, el vendrá, mira donde dejo el forro  de su miembro guardado.

Conocí a una de esas  mujeres que le decían la estrecha, quise saber el origen del  nombre, pero ella me conto que cuando llego a esta ciudad, se dio banquete comiendo y engordó por lo que la ropa le quedaba ajustada, de ahí su nombre de la Estrecha, nada que ver con lo que yo me imaginaba…

También me llamo poderosamente la atención, del oficio de probador de prostitutas que había renunciado a tan placentero empleo…Me conto que al principio cuando al lugar venían tres o cuatro mujeres,  semanales, todo era placer, pero que llego la época de demandas y venían hasta 20 a las cuales tenía que probar, para recomendarlas. No aguanto lo exigente del oficio y termino renunciando, por su salud, según me confío….

Alejandro Santana

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