La capacidad de desarrollar anticuerpos en los pacientes curados de Coronavirus es cada vez más confusa

Verdades sobre el Coronavirus, que debes saber

La capacidad de desarrollar anticuerpos en los pacientes curados de Coronavirus es cada vez más confusa
La capacidad de desarrollar anticuerpos en los pacientes curados de Coronavirus es cada vez más confusa

Poco a poco vamos aprendiendo más sobre el SARS-CoV-2 y la enfermedad que provoca, la COVID-19. Y cuando salen ciertos estudios científicos pueden resultar desmoralizantes. Como el que se acaba de publicar – siguiendo la tónica de ser un preprint no revisado, y con un número de pacientes aceptable, pero justito – que dice que un número significativo de pacientes recuperados de COVID-19 no desarrollan inmunidad, y podrían volver a contagiarse.

¿Qué dice el artículo? En una primera lectura, la idea es sencilla: para entender mejor qué ocurre cuando un paciente ha pasado la COVID-19, los investigadores han analizado 175 casos buscando anticuerpos. Si están presentes, significa que las personas curadas han quedado inmunizadas. Y si no, tenemos un problema, porque un paciente recuperado podría volver a cogerlo.

El resultado es preocupante: casi un tercio de los casos, pacientes que superaron la COVID-19 sin apenas síntomas, no presentan anticuerpos para el virus, o lo hacen a un nivel tan bajo que no tendrían inmunidad. Gente curada del coronavirus lo podrían volver a coger

Sin embargo, si nos detenemos a leer el artículo completo, la imagen que da es distinta. Hay alguna buena noticia en él, más allá de la obvia: toda la información científica que tengamos sobre el virus, la enfermedad y la epidemiología es buena, porque nos permite tener una idea más clara de lo que ocurre y diseñar propuestas más acertadas para gestionar la crisis.

Así que vamos con los detalles, y por desgracia hay que empezar con los menos halagüeños. En torno a un tercio de los pacientes estudiados, todos ellos personas que han pasado el COVID-19 con síntomas leves, no muestran anticuerpos para el virus. Serían susceptibles de volver a infectarse.

Pero, y es un “pero” importante, este tercio no se distribuye homogéneamente en todos los grupos de edad. Dicho de manera sencilla, si miramos la inmunidad por grupos de edad, algunos grupos quedan protegidos – entendámoslo, en términos estadísticos y epidemiológicos, no son todos – mientras que otros no.

Y es precisamente en los grupos de mayor riesgo donde se observa inmunidad. Los autores han dividido a los pacientes en cuatro grupos de edad – niños, jóvenes, mediana edad, mayores – y al comparar entre los grupos, los que más desarrollan inmunidad son los grupos de mediana edad y mayores, los que más están sufriendo el impacto de la enfermedad. Ellos quedarían protegidos.

Las buenas noticias, por desgracia, se acaban aquí. Hay información que resulta importante tener a tiempo – de nuevo, como se ha convertido en costumbre, cuando los datos se revisen y nos cercioremos de su validez – pero el hecho de que un porcentaje alto de personas no desarrollen inmunidad es un problema… pero se ha detectado a tiempo. Lo bueno es que en los últimos días todos hemos aprendido a manejar conceptos como “estudios poblaciones prospectivos” y “seroprevalencia” (bueno, nos los hemos aprendido, de ahí a manejarlos con soltura hay un salto importante). Pues bien, que una parte de los recuperados no desarrollen inmunidad afecta a las conclusiones que podamos sacar de los estudios poblacionales de inmunidad durante los próximos meses.

Sea como fuere, el conjunto de nosotros estamos aprendiendo algo forma parte del día a día de los científicos: a manejar la incertidumbre. Los estudios, experimentos, ensayos clínicos y demás ayudan a eliminar la confusión, pero el hecho de que el volumen de información sea tan grande y que el virus sea tan nuevo no ayuda a crear certezas, al menos no al nivel de velocidad a la que estamos acostumbrados, y en muchas ocasiones se suceden estudios que contradicen los anteriores, por lo que la cautela es necesaria pero da una sensación de que todo va muy lento (para como suele funcionar la ciencia, vamos a velocidad de vértigo, pero entenderlo así es complicado), aunque avanzamos.

 

Alejandro Santana

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