No dignifiquen mi muerte, no morí del Coronavirus

POR: ALEJANDRO SANTANA

Morir ahora es morir del Coronavirús, aunque la causa real sea de hambre

Podría morir mañana, tal vez hoy, o en cualquier momento, total así está previsto y testificado en las enseñanzas cristianas, y hemos asumido esa realidad sin discusión porque total, no tenemos el conocimiento debido para saber de qué, cuando, ni donde vamos a dejar este mundo.

Pero vamos a morir, morir hoy o mañana. Como ahora una pandemia azota el mundo, podríamos morir en cualquier momento, pero al fin al cabo morir.


Que nadie dignifique mi muerte, diciendo que morí del Covid-19. Podría morir de hambre, de anemias, de tuberculosis, de precariedades alimenticias, hasta del Sida, de amor, de desengaño, de tristeza o de contaminación de cualquier tipo por vivir en un entorno socioeconómico más desfavorecido.

Morir de cualquiera de esas enfermedades, para nuestra familia seria vergonzoso y hasta decir que la edad me mató, podrían asociarla a descuido de los familiares, porque no nos alimentaron bien ni adecuadamente, podrían decir hasta que morí de hambre y será una vergüenza para mi familia.

En estos momentos morir del Coronavirus es hasta una victoria para quienes dicen y difunden en las redes paso a paso el acontecer diario de cómo avanza la enfermedad y la impotencia de nuestros gobiernos en parar la mortandad. Morir del COVID – 19 me mantendrá en las noticias.

Morir de la enfermedad del momento, es y será una muerte que se le achaque a nuestro sistema de salud, porque no está preparado para lidiar con ese mal, que tiene sus culpables.

Si en China, es que se inició esa pandemia y no se informó ni se tomaron los correctivos de lugar, de manera oportuna, porque en esos momentos China y los Estados Unidos, estaban en negociaciones para un tratado de libre comercio, entonces China es el principal culpable de mi muerte.

Y aunque me muera de cualquiera de las afecciones cotidianas en nuestro país, como son la sífilis, tuberculosis, gonorreas, fiebre palúdica, infecciones estomacales debido al consumo de alimentos o agua contaminada y quien sabe, tal vez otras tantas enfermedades que nos viven acechando desde antaño. Lo más digno es que se publique que yo morí del Coronavirus.

Porque en estos momentos, eso libraría a nuestras autoridades sanitarias del gran descuido en que mantienen al pueblo, comenzando por sus calles llenas de basura, mercados con productos expuestos a contaminantes, aguas no potables y nuestras alcantarillas desembocando en el mar y en la rivera de nuestros ríos.

Qué ironía de la vida, morir del coronavirus en estos tiempos, es como morir como un héroe, porque estás en las noticias, en las estadísticas y hasta cualquier historiador plasmaría tu desgracia inmortalizando tu nombre en los libros de historia y los costumbristas en sus narraciones y relatos orales.

Que yo morí del Coronavirus, es lo que no quiero que se diga, morí por otras tantas afecciones que atacan a los pobres de un país como el mío, donde el paludismo, el dengue la desnutrición están presentes en cualquier esquina.

Digan que morí, sí, pero no escondan las causas, no la escondan con la enfermedad o la epidemia del momento.

Alejandro Santana

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