No es que seamos envidiosos, pero quienes al parecer los que menos pueden nos llevan ventajas

POR: ALEJANDRO SANTANA

Cuando sacamos  un tiempito para salir de nuestro entorno  sin importar donde encaminemos nuestros pasos, nos encontramos con desarrollos, avances, modernismos.

Y nos preguntamos, ¿Qué pasa con nosotros, por qué no tenemos  lugares que hagan detenerse a los transeúntes a contemplarlos y gritar ¡Hurra, qué bello!  ¿Quién lo hizo?

Y no hablo de un Parque, de un Malecón, de un Mercado o un Matadero, hablo de un lugar donde solamente acudimos cuando nos toca enterrar a nuestros familiares, amigos y conocidos.

 

Hablo de algo que uno quiere para que sus familiares muertos descansen en paz, pero que nos despierta el ánimo y deseos de ser enterrados en lugares como ese.

Hablo del cementerio de la comunidad de Bahoruco, perteneciente al Municipio de la Ciénaga.

Con sólo verlo, a uno les dan ganas de morir y que lo sepulten en ese lugar que a simple vista se aproxima a lo que podría ser el paraíso que no conocemos, pero que se nos promete.

No es una crítica, es una valoración de lo arquitectónico de lo sublime, de lo bello, de lo bien realizado y bien logrado a la vista de todos.

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