Un enemigo peor que la censura

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LA AUTORA es periodista. Reside en Santo Domingo.

Erramos si  llegamos a pensar  y hasta a  afirmar que la censura es el único mal que amenaza la libertad de expresión.    Otro monstruo más peligroso  ataca  la libre exposición de las ideas.

 

La autocensura viene a ser el sustituto de esa vieja práctica de silencio forzado,  que gracias a la vida poco a poco queda relegada al pasado, salvo excepciones, claro.

Callar por miedo o por conveniencia ha venido a ser esa nueva forma de dejar de decir, de imposibilitar que otros entiendan toda la verdad de un caso y vean las aristas completas.

Por el temor a las críticas o las represalias, la gente reprime sus opiniones, aun cuando cuente con pruebas que avalan sus declaraciones.

Opinar es y debe ser siempre un derecho, obvio ese siempre está condicionado al apego a las leyes. Sin embargo tal parece que algunos lo olvidan.

 Incluso, ocasiones hay en las que una persona emite en privado su postura sobre una situación pero jamás en público o peor, si lo hace  plantea lo contrario. 

 En ocasiones por amistad, otras por no perder lazos con los involucrados y muchas por temor a las críticas.

Así nos dejamos arrastrar y preferimos que otros hablen, discutan y queden en medio del fuego cruzado de sus defensores y detractores. Por cierto,  de esos hay muchos en las redes sociales, amplio foro que recoge tantas opiniones.

Cualquiera que sea la razón que tengan los que opten por amordazarse, es bueno que recuerden  que el disfraz de prudencia no puede ocultar de manera eterna la cobardía.

 

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