Hacia dónde lleguemos, es nuestra responsabilidad

 

POR: ALEJANDRO SANTANA

barahonahoy@outlook.es

La alocada carrera hacia la destrucción de la familia, nos está tambaleando continuamente, asesinatos, secuestros, feminicidios, violaciones, robos y otras tantas degradaciones morales, son nuestro pan de cada día.

Cuando andamos removiendo escombros para aclarar un crimen nos encontramos con otros crímenes hasta entonces desconocidos.

Vamos de tras de un hecho de sangre y nos encontramos en el camino con tres hechos tan sangriento como el que estamos tratando de esclarecer.

Amanecemos impactados por un hecho, se activa la alarma y antes de que esta deje de sonar, se reactiva de nuevo para informarnos, de otro crimen, de otra violación de otra joven muerta, violada y descuartizada, o de otro crimen producto de un atraco.

Es como si estuviéramos asistiendo a la antesala  del fin del mundo, pero no es así, porque la Biblia habla claro sobre ese fin, alertándonos de que cuando esto esté pasando será el principio del fin.

Quiere decir que aún falta mucho para el fin, dejando claro que seguiremos siendo impactado por otros tantos hechos de sangre, seguiremos escuchando la alarma activarse.

Si reflexionamos, nos daremos cuenta que ya ni en la religión nos podemos amparar, porque desde las diferentes religiones nos llegan los ruidos  de inmoralidad en todo el sentido de la palabra.

Parecería que todo lo que está escrito en la Biblia se está manifestando, pero con el consabido conocimiento de que este no es ni siquiera el comienzo del fin.

Reflexionando sobre esto, es posible que el único camino seguro que nos queda es que como familia, como sociedad nos acerquemos más al DIOS creador, que nos apartemos  de religiones falsas, de doctrinas que no conducen a nada, que seamos menos adoradores de vanidades.

Que estemos claro que nuestra salvación como sociedad como familia sólo está en las manos de un Dios vivo, que nos ha prometido vida eterna, que nos ha prometido tranquilidad y sosiego y que sólo nos pide que seamos más honestos, menos adoradores de los placeres mundanos.

Todo criminal, todo ladrón, todo simulador, todo amador de las perversidades, sin respeto a las vidas de los demás, es un ser que dejó de tener a Cristo en sus corazones.

La vida es buena y sería más agradable si todos tuviéramos respeto por los mandamientos de nuestro señor Jesucristo contenido en la Biblia, si todos observáramos sus promesas y nos apartáramos  de las perdiciones del mundo.

Cristo es la luz de la vida, es la verdad es el camino a un mundo sin esos escándalos de crímenes, robos, inseguridad, tragedias, hay promesas que hacerlas nuestras nos harían  ser los timoneles de nuestras vidas de nuestra familia y de nuestra sociedad, porque solo nosotros somos los responsables del final donde debe ir nuestra familia. Reflexionemos.

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